23 oct. 2007

SOBRE EL DIA INTERNACIONAL PARA LA REDUCCION DE DESASTRES EIRD/ONU 10 DE OCTUBRE DE 2007

“Las sociedades humanas deben vivir con el riesgo que representan los peligros de la naturaleza. …No obstante, no somos en absoluto incapaces de prevenir y mitigar los efectos de los desastres “ Marco de Acción de Hyogo para 2005-20015, Aumento de la Resiliencia de las Naciones y las Comunidades ante los Desastres, EIRD/ONU

“Todos los años, más de 200 millones de personas resultan afectadas por las sequías, inundaciones, ciclones, terremotos, incendios forestales y otras amenazas. Además de la pobreza, la creciente densidad de la población, la degradación ambiental y el calentamiento global están logrando que el impacto de las amenazas naturales empeore aún más.” (Documento de Hyogo, EIRD/ONU)


El consenso mundial de países de la Tierra elaboró el Documento de Hyogo en enero de 2005, en Kobe, Japón, sensibilizados profundamente y preocupados por la reducción de la vulnerabilidad, sobre todo después del grave tsunami que azotó el Sudeste Asiático en diciembre de 2004. Este hecho y numerosos desastres que se sucedieron en el planeta, llaman a la reflexión hoy, segundo miércoles de octubre, fecha establecida por Naciones Unidas para celebrar el Día Internacional para la Reducción de Desastres.

Si bien el problema es global, también necesitamos observar nuestras propias realidades y decidir de inmediato cómo debemos asumir un compromiso multisectorial con la prevención-mitigación de riesgos. El lugar donde habitamos, donde están nuestras casas, la escuela donde van nuestros hijos, es también el espacio donde convivimos con peligros de origen natural y ocasionados por el factor humano.
Así, el rol de los municipios es sustancial en esta tarea, en la que ya muchos gobiernos locales de Latinoamérica y el Caribe están promoviendo acciones planificadas para la Gestión Integral de sus riesgos. En este sentido, los municipios son quienes pueden absorber de un modo más eficaz ese compromiso, debido a su naturaleza y funciones, en permanente relación cercana, muchas veces afectiva, con la comunidad.

Las instituciones locales, que se comprometen con la Gestión de Riesgos, desarrollan un estado de conciencia tal que sus percepciones sobre los peligros naturales y antrópicos se traduce en planificación estratégica, optimización de la toma de decisiones, mejor desarrollo organizacional, afianzamiento de la responsabilidad social, etc.
Es importante destacar también que desde las municipalidades se procede, en primera instancia, a dar respuesta a cualquier emergencia por la que la población esté atravesando. Si se ha podido implementar un proceso de Gestión del Riesgo y crear un “Sistema de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias”, esa respuesta será eficaz, más integrada, y proactiva. De este modo, las personas recibirán la asistencia necesaria de un modo más positivo y, además, colaborarán y participarán de las fases de recuperación y rehabilitación, si la emergencia pasó al nivel de desastre. Toda intervención que promueva el conocimiento, la preparación, la capacitación y la participación de la comunidad junto a todos los actores locales para fomentar una “cultura de la prevención”, es una inversión que salvará vidas y protegerá bienes y servicios esenciales.

Podemos también deducir, por experiencias registradas, que es más eficaz diseñar e implementar estrategias de reducción de la vulnerabilidad en un nivel descentralizado, donde viven los beneficiarios de todo proceso de gestión de riesgos, y donde se manifiestan las emergencias y/o desastres. Por lo general los programas para la reducción del riesgo de desastres pensados desde el nivel central no se ajustan muchas veces a la problemática local. Los municipios tienen la estructura de organización necesaria que les permite una mejor administración de los recursos de las comunidades, hacia la consolidación de una planificación basada en el desarrollo sustentable.

La organización municipal, fortalecida en sus capacidades institucionales para la prevención, incorpora nuevos valores para la protección de la vida, que luego se harán extensivos, multiplicados, hacia toda la sociedad. Al tomar conciencia del significado profundo de la reducción de la vulnerabilidad, podrá optimizar ,por ejemplo, todo proyecto de nuevas inversiones, de asistencia social, programas de capacitación comunitaria, mantenimiento de la infraestructura de servicios, mejoramiento de la calidad de vida y, por supuesto, la respuesta a cualquier situación de crisis derivada de peligros naturales o antrópicos.
En Mendoza, contamos ya con dos experiencias exitosas a nivel local. Una, implementada por la Municipalidad de Maipú quien, en otros logros, ha publicado con aval de la EIRD y UNICEF la adaptación del cuadernillo educativo “Aprendamos a prevenir los Desastres”, destinado a escuelas de la provincia. La otra, el reciente Encuentro Internacional sobre Adaptación al Cambio Climático y Gestión Integral Local del Riesgo, que tuvo lugar en Junín, desde el 17 al 19 de setiembre. Ambos ejemplos cuentan con el apoyo institucional de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres, EIRD de Naciones Unidas.

Lic. Gloria Bratschi